



La experiencia piloto en el cultivo de tomate, una iniciativa innovadora para la horticultura de La Plata, ha entrado en una fase de monitoreo intensivo, poniendo de manifiesto una virtuosa articulación entre el sector público y el privado. Esta actividad es un componente de un incipiente “ecosistema de innovación” para el principal Cinturón Hortícola del país, está liderado por un equipo técnico multidisciplinario integrado por especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), con la participación activa del Proyecto 11ª/366 Ecofisiologia y Bioclimatologia de los cultivos intensivos protegidos y a campo perteneciente al Laboratorio de Bioclima Vegetal (LIBIOV).
La iniciativa se centra en validar un protocolo de cultivo que incorpora bioinsumos y tecnologías de manejo integrado. Dicho protocolo fue diseñado en el marco de la Plataforma Panamericana de Bioinsumos del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y cuenta con el respaldo de entidades internacionales como FONTAGRO, FAO y el BID.
Articulación de actores clave
La experiencia se desarrolla en un invernadero de 1,2 hectáreas, donde el cultivo de tomate es monitoreado semanalmente de forma rigurosa por un equipo de especialistas. El proyecto resalta la importancia de la articulación entre la investigación y el sector productivo. Las empresas, como las asociadas en la Cámara Argentina de Bioinsumos (CABIO) y otras empresas de tecnología, juegan un rol fundamental al aportar insumos e instrumental técnico, lo que permite la validación tecnológica en un entorno de producción real.
Además, la iniciativa tiene un vínculo directo con los Nodos de Innovación del INTA, espacios diseñados para impulsar el desarrollo de emprendimientos tecnológicos. De hecho, una de las empresas colaboradoras se incuba en uno de estos nodos, lo que subraya la capacidad de las instituciones públicas para fomentar la innovación en el sector privado.
Mediciones y sostenibilidad como pilares
El seguimiento del cultivo no se limita a mediciones básicas. El equipo técnico monitorea semanalmente el estado fitosanitario, evaluando la presencia de plagas y enfermedades. Asimismo, se recopilan datos precisos sobre el desarrollo de las plantas, desde los parámetros más simples como su altura y el diámetro del tallo, hasta el contenido de clorofila y la fluorescencia para monitorear el estado fisiológico del cultivo. También se analizan las condiciones nutricionales del suelo a través de análisis convencionales y métodos rápidos que permiten determinar los niveles de nitratos, calcio, potasio, sodio, pH, conductividad en la solución nutritiva del suelo y en el cultivo. Esta última metodología fue desarrollada y ajustada por el INIA de Uruguay y contribuye a obtener un panorama completo de la nutrición del cultivo y la calidad del agua de riego.
El propósito de este enfoque integral no es solo optimizar la productividad en términos de rendimiento y calidad, sino también demostrar cómo la integración de bioinsumos y el monitoreo preciso pueden contribuir a la sostenibilidad del sistema productivo y a minimizar el impacto ambiental.
Para garantizar la transparencia y el acceso a la información, los avances de la experiencia se documentan y comparten semanalmente a través de un canal de WhatsApp, permitiendo que la comunidad y otros investigadores sigan de cerca el progreso de este proyecto. Puedes unirte al canal aquí: https://whatsapp.com/channel/0029Vb6f3zz1Hspvvp5Up236.