

El pasado viernes 29 de agosto se realizó un Homenaje a Agueda Piró, compartimos estas palabras de agradecimiento de la voz de sus hijos.
Queremos agradecer a la Comisión de Memoria, Recuerdo y Compromiso, por mantener la memoria de luchas en esta facultad, felicitar a esta comisión y a la facultad, por mantener viva la memoria de los asesinados, desaparecidos y perseguidos de esta facultad, UNLP, ciudad y el país, desde el año 1996.
Nuestra mamá fue una persona que nunca dejó de hablar como mujer y como trabajadora, nunca renunció a esa mirada.
Como ejemplo, en febrero de este año, cuando en el Hospital Rossi los médicos, haciéndole un test neurológico, para ver si estaba ubicada en tiempo y espacio, le preguntaban sobre diferentes temas, ella contestaba con seguridad. Así fue, cuando le preguntaron quién era el presidente de Argentina y cambiando su gesto, dijo: ¡El hijo de puta de Milei!
Permanentemente, preguntaba, cómo estaba la Universidad y particularmente los y las trabajadoras de la UNLP.
Pero queremos decir que Mamá es un producto de su tiempo y de su propia historia, el aprender y el compromiso fue central en su vida.
Hija de la primera generación de argentinos nativos, no tuvo abuelos, tuvo nonos. Estos eran del sur (los paternos) y del Norte (los maternos) de Italia del siglo SXIX (tranquilo los domingos), conservadores y católicos, con dos nonas lloronas en los velorios de sus paisanos/as.
Sus padres (la abuela Isabel Perusin y el abuelo Jose Piro) rompieron con sus mandatos y abrazaron las ideologías anarquista, socialista y comunista junto a 9 de los 11 hermanos/as de nuestra abuela y otros vecinos en la ciudad de Tres Arroyos.
Ambos, José e Isabel, fueron perseguidos, estaban en listas negras de los terratenientes y empresarios de Tres Arroyos como personas “peligrosas”, llevando a la familia, a tener que optar, entre, situaciones de exilios internos (irse de la ciudad) o desarrollar alguna tarea de subsistencia.
En los años 30 del siglo pasado, el compromiso político de nuestros abuelos, y de la familia en general, lo llevó a construir estrategias de supervivencia en la ciudad y lograron el sueño que sus hijos puedan estudiar. Tengan en cuenta, como muestra de la permanente persecusion, que los detuvieron por ser posibles conspiradores del asesinato de Kenedy, ¡De Kenedy! ¡En Tres Arroyos!
Pero este estudiar no era para salvarse solo en un mundo desigual, era para cambiar el mundo, hacerlo más justo, libre, para todos. Las herramientas de la transformación eran LAS ARTES Y LAS CIENCIAS (La mayoria de nosotros, hijos, sobrinos y nietos le debemos la parte de la Ciencia y las Artes, pero las llevamos muy adentro del corazon)
Isabel Perusin, nuestra abuela, había llegado a mitad de su carrera de Profesora de Matemáticas en la UNLP, la cual tuvo que abandonar, pues por problemas económicos. La crisis del ´29 trunco sus sueños universitarios. Por suerte pudo acompañar su sueño en la carrera de Águeda y sus otros hijos.
Por otro lado, El abuelo José, no había podido estudiar, solo había hecho un año en la escuela pública, con esa información y el estudio autodidacta, tenía un conocimiento y una biblioteca, que no hemos visto en profesionales de nuestra generación. Los libros de literatura y los ensayos fueron la base teórica para su formación cultural. Fue un polemista cultural de la región, además de fundador de centros de fomentos, organizaciones civiles, bibliotecas populares y centros culturales.
LA SOLIDARIDAD, LA CIENCIA Y LA LIBERACIÓN
La solidaridad de sus primas, Amneris, Emilce y Aida Perusin, cuando Águeda llega a estudiar a la universidad fue central. Llega en los primeros años de los 50 y ellas le dan mucho soporte afectivo. Mamá, nunca lo olvidó.
Amneris fue la mamá de Daniel Favero, uno de los desaparecidos de la UNLP y de nuestra Argentina. Su desaparición fue un dolor enorme en Águeda. Un dolor que la colocó, con mas convicción, en la lucha por los derechos humanos.
Águeda luchó por la educación pública y la liberación Nacional y Social de nuestro pueblo.
En la antesala del golpe, en un clima de violencia creciente circulaba una consigna: “haga Patria, mate un peruano”. Se acusaba a los peruanos de ser comunista antipatria. Nuestro padre era peruano y lo padeció, en carne propia, la violencia de los peronistas de la CNU y Triple A. Irnos, exiliarnos, fue la alternativa (Algo parecido a los discursos que hoy circulan).
Águeda en esa ápoca era parte de la organización de trabajadores de la educación de la provincia y de la UNLP en la facultad de Ciencias Exactas. Ahí fue compañera de lucha con Adriana Calvo, Dr. Feliz, los hijos de Bonafini y otros compañeros/as de la facultad.
Ya en Perú, mamá se vincula a las luchas de las docentes en los años 1978 y 1979, lo que le cuesta que la echen de una escuela privada de monjas alemanas, supuestamente progresistas. Otra vez la tradición anarquista, socialista y comunista no la podía tapar.
En el año 1977 nuestra casa se transforma un refugio para los exiliados y exiliadas. Por ahí pasa Edith Pérez (ex decana de Psicología), Juan Carlos Domínguez Lostalo, Liliana Pereira Docentes universitarios en UNLP, UBA y UNC. La casa era una casa solidaria, no se le preguntaba sobre su militancia, solo eran perseguidos y había que ayudarlos. Teníamos una familia numerosa, ellos eran “tíos y tías” por si nos preguntaban en el barrio.
Águeda tenía la expectativa que a Daniel lo pudiesemos recibir en Lima. Desgraciadamente no ocurrió.
Volvimos en el 80 y en los espacios donde trabajó en la UNLP siguió hablando de la situación social. Daniel, estaba desaparecido. Acompañó a la tía Amneris en su lucha por saber que pasó con él.
Desde hace muchos años, se nos acercan exestudiantes de ella, que nos decían que Águeda era una de las pocas docentes que, durante la dictadura, los habían estimulado a organizarse.
Con el retorno de la democracia, con otros compañeros organizan lo que conocemos como ADULP, donde es delegada hasta su jubilación.
En los 90, por diversos grupos de solidaridad donde participó, se relaciona con la APDH donde participan muchos amigos y amigas de su juventud, como Jaime Gluzman y Berta su compañera.
Durante los últimos años, además de los aprendizajes de las luchas ya realizadas durante su vida, los intercambios y diálogos con Nora Cortiña con su lucidez y participación activa, le enseño a repensar problemáticas respecto a los derechos humanos, pero en este aprendizaje “nuevos”, será central Edna.
En 1996, junto a Edna, compañeros y compañeras, iniciaron la conformación de la Comisión de Memoria, Recuerdo y Compromiso. Mamá la acompañó hasta sus últimos días.
Águeda, Aye, solo fue una militante más, como cualquiera de los aquí presentes, ni más ni menos. Por lo tanto, siguiendo su forma de ser y sentir, a los organizadores debemos decirles que este encuentro es un homenaje para todos los y las que luchan. Porque de la realidad nadie se salva solo, entre todos debemos transformarla.
Muchas gracias.